martes, 28 de enero de 2014

LA COMA PITAGÓRICA ","

Un libro de Maximiliano Salomoni



Índice

- 01 - Capítulo DO
- 02 - Capítulo SOL
- 03 - Capítulo RE
- 04 - Capítulo LA

- 05 - Capítulo MI
- 06 - Capítulo SI






01. Capítulo DO




Sobre algunos escritos y documentos varios de Sebastían.

...y además sin ficción no hay cordura, sin cordura no hay estructura. Pero esta noche quizás deba dedicarme a volar, o tal vez a nadar. Quizás deje de pensar. Quizás sólo haga fotosíntesis para aprovechar la luz lunar. Quizás me recueste un rato a sentir el calor. Si desordeno las categorías y revuelvo en lo sombrío; un cartonero de estorbos y frutos podridos, antiestéticos, corroídos, con semillas ávidas de luz de mediodía... “caballo amigo ¡vamo’ no’!... galopa en la ciudad... que el frío va a pasar”... ¡Que extraña canción! Además sin fisión no hay voladura y, sin tensión, no mereces paz alguna...

Pensamientos que corrían liosamente en los adentros de Sebastián, en contraste, su figura calma, vista desde afuera, parecía engañar al tiempo como sauce sin racha ni viento. El espacio, una mera excusa, para aquel cuerpo sin movimiento, sentado petrificadamente, en un mentido silencio.

...los otros pacientes duermen... ¡claro! ya es tarde... ¡No! Todavía no duermen realmente, los calmantes trabajan, hacen efecto, trabajan sus mentes, los libra de sus locuras diarias. Les inyecta cordura imaginaria. La TV esta prendida en la sala... ¡trabaja! ¿Cuántos pensamientos hará que estoy aquí? ¿Será la noche de mi madurez, o apenas iré por los bosquejos adolescentes y soberbios de ignorancia? ¿Será mediodía ya...? Mediodía de luces futuras, esas que vendrán a envolverme, ansiadas lumbres que iluminen la mística física, propia, incomunicable, agnóstica, siempre en duda. ¿Cómo saberlo? ¡Cuánto camino he recorrido sólo para llegar a esta conclusión! ¡Saberme planta! En sus hojas... la sabiduría, escritas desde hace 400 millones de años ¡Cuántas hojas de letras humanas, leí en bibliotecas subterráneas! Todo para un día salir al sol y ver... hojas de plantas ¡Entendí la hazaña! Ahí van los enfermeros hacia el pobre Jaime... Ahí van los enfermeros con los chalecos de orden hacia el pobre Jaime. Pensar que antes los chalecos eran de fuerza, apretados, incómodos, fríos y rígidos. Ahora los hacen tan confortables, tan excitantes y coloridos,  y con almohadillas ¡El último grito de la moda! Según oí, con los viejos chalecos gritabas de bronca, ahora son el grito de la moda. ¡Estos diseñadores! ¡Mierda que aprendieron a silenciar aullidos esteparios y convertirlos en balidos! Ahí van hacia el pobre Jaime, ya lo sentaron en la sala con los otros, ya no aullará más. No mientras eso esté prendido. Reducido...

-          ¡Subí... ! ¡Subí que no escucho!
-          Para Jaime... ¡no empecemos!
-          ¡Callate vos... !

...reducido también yo a ser por fuera un loco más, no obstante, por dentro se que no voy a perder el hilo. En silencio externo, en ruido interior, en gritos de cuestionamientos que vibren sólo en mis abismos. Por fuera, los condenados a proclamarse tipos normales, como se llaman a sí mismos, para mis adentros, locos, tal cual ellos, de vez en cuando, así me nombran. Reducido a escuchar diálogos mediocres de vidas heridas con vendas. A cada paso uno se expone a escuchar sus lenguas...

-          ¿Qué dijo? ¿Quién se casó con quién?
-          Aparte de sucio... sordo, no se casó, ¡se cayó arriba de la modelo esa!

... atrapados en los muros de su realidad, atrapados en un horizonte contiguo, su día a día, sumergidos en un embudo finito. Y en realidad, ¿no es ésto acaso, el sutil nosocomio escondido?


La casa

Tenía ese aspecto, esa apariencia de solidez que se busca para disimular. La robusta puerta de entradas y salidas en una madera ya fosilizada, pétrea, hecha enteramente de duramen, inmune a la lluvia y su dictadura. Con un poco de jardín diseñado alrededor, un poco de naturaleza doblegada para resaltar la gallarda construcción, el dominio de la estructura, sobre las mientes oscuras de Natura. Una vez a la semana venía un hombrecillo, un anónimo, peón del paisajista. Podaba árboles geométricos, racionalizando el entorno, humanizando, dando forma, limpiando matas, coloreando canteros con flores de colores asignados, esforzándose por mantener el dominio que Natura siempre discutía, testaruda y audaz, siempre inducía al caos; deshacía el escenario, continuamente había que estar sobre ella, corrigiéndola.

-               ¡En un cantero no debe haber yuyo o “gramíneas” como la llama el paisajista este! - Rezongaba el peón anónimo, mientras las arrancaba vorazmente, como si fuera la primera vez... aunque lo hacía siempre, desde hacía miles de años, en su sangre de humano. La casa tenía es alo, ese efecto buscado; encoger al visitante, distanciar al vecino, y doblegar el abismo, aquel que posee todo dueño o inquilino.

... hoy me levanté sombrío, escuchando voces toda la noche, entre sueños y abismos, ¡no se que musiquitas y palabrerío! Me esforzaba por no escucharlas, me negaba a su discurso, tan bajo, tan efectivo, palabras claves que despiertan el morbo, excitan bajo el ombligo al que esta disminuido... es decir, al adormecido. Escuchaba voces, me hablaban, interrumpían mis más puras neblinas, allí donde uno es realmente libre, allí donde uno no tiene control de si mismo, y ríe o llora, grita, vuela, nada, toma sol o toma luna para formar su gentilicio... lunático, escuchaba voces como sólo ellos suelen hacerlo hasta altas horas de la noche. Allí donde suelo armar figuras, anoche no pude armar ni un palote, ni un muelle, no pude zarpar hacia la Antigua China de los Han, no pude visitar Cartago, ni ver a las chipriotas, no pude preguntarle a Demócrito sobre su perro. No pude porque aquellas voces me arrastraban, me distraían, se me ofrecían, me vendían productos, me regalaban placer... ¡va! sexo del barato, como el wisky de oferta, el delibery de normalidad. Anoche no pude pegar un ojo... la TV en la sala, estaba muy alta, ¡trabajaba!

-          ¡Eh! que caripela, que estuviste haciendo anoche, artista.
-          Jesús... ¿cómo va?
-          Y mejor que vos, seguro,
-          Una mala noche, tampoco exageremos.
-          Bue... ¡si vos lo decís! Nos vemos a la tarde.
-          ¡Dale!
 ... pobre Jesús, buen tipo, pero sólo buen tipo. Cumple con todo, se esfuerza por creer en la medicina que le dan, se esfuerza por ser bueno, por ser un ciervo, por ayudar a los débiles, por protegerlos, a ayudarlos a ellos también a no caer en sus abismos, ayudarlos a creer en sus medicamentos, ayudarlos ¡a creer creer! Pobre Jesús, me pregunto como terminará, a la mañana, hace de banquero, a la tarde de enfermero. Me pregunto qué sería de Jesús, si llegara a ser dueño, a tener poder, qué sería de su pensamiento, la doctrina mitológica predicada por un banquero-enfermero... ¡Pero que locura!


La comunidad

se encontraba rodeada por barreras naturales de bosques artificiales, es decir bosques de pseudo- plátanos y eucaliptos plantados hace ya unos cuantos años, traídos de otras latitudes para suplantar pantanos de pastizales autóctonos. Semillas esparcidas por algún tipo normal para borrar pasados y sembrar futuros, con un marco importado del algún pasado lejano, también trajeron pájaros que luego desequilibraron y hoy, están por todos lados…

...bueno, tengo que ir a ver si ya me trajeron el nuevo pedal del órgano. Espero que se haya dignado a venir el mercader ese, por poco y tuve que pedirle audiencia al Sumo para que se dignen a traerlo... ¡El viejo Zarathustra!, algún día se los voy a decir... me voy a parar frente al Padre Rizzo y le voy a decir... sabe Padre que nombre le puse al viejo órgano... ¡Zarathustra! Yo creo que del pasmo tendría que correr por todo el templo buscando las órbitas de los ojos que se le saldrían, se dispararían con tanta fuerza que romperían los vitró. ¡Mi viejo Zarathustra...! espero poder arreglarlo...

…así es que, producto de la idea de algún tipo normal de importar pasados lejanos, borrando pasados autóctonos, para crear futuro, se fueron formando, entonces, los bosques de pseudo-plátanos y eucaliptos plantados hace algunos años, artificialmente, como barrera natural para rodear la comunidad de desequilibrados.

...¡bien! Al fin ese si bemol ya no va a molestar más, al menos no más de lo de costumbre, es decir, no más de los que se espera que moleste. Templar significa repartir. ¡Oíste si bemol! no te empeñes en generar batido...

Los gritos de los chicos se mezclaron con la sinapsis de la idea de batido que justo en ésos momentos experimentaba en su mente Sebastián. Orientó su cabeza hacia ellos y los observó. El rebaño de alumnos se desplazaba por la nave lateral del templo guiados por su pastor, profesor de música, poco faltaba para que alcanzasen el porche. Llevaba aquel maestro una expresión de resignación ante sus estridentes discípulos, demasiado bulliciosos para ese efecto ansiado y buscado por todo templo; el mutis absoluto.

El templo

donde aquel mutis sagrado vuelve a los oídos receptores obsoletos. Y es que, en éste lugar, de todos los sentidos, sólo los ojos se ven atareados. Abrumados de imágenes, de planos, perfiles, juegos de abnegadas luces y combinaciones de inmoladas sombras; el drama de las imágenes emotivas. Hasta los silencios son captados con los ojos, forman parte de la escena, parte del drama. El silencio es aquí venerado, también tiene su símbolo, su efecto. En esto se detuvo Sebastián a pensar. La expresión de resignación de aquel maestro le hizo reflexionar sobre algo en lo que muy a menudo cavilaba. En lo afortunado que se sentía al tener él el simple papel de organista. De todos los roles que el resto del hospicio tenía, el suyo, el de simple músico, le asignaba una posición que creía fausta. Jugaba un papel directo con la música, solo él y la música, nadie más y, para nadie más. Porque, aún tocando en las misas ante gente, era, en realidad solo él y la música. Lograba abstraerse de todas aquellas imágenes dramáticas, de todas esas luces abnegadas y sombras inmoladas, de todos esos seres desbordados por cuadros visuales destinados a despertar lo conmovedor. En Sebastián se invertía aquel efecto buscado, los oídos tenían abundante trabajo, el sonido musical era el principal estímulo, el único estímulo verdadero. Las escalas recorridas trabajaban sus oídos y trabajaban su mente, desarrollaban su razón de forma totalmente irracional, matemática sonora de una energía envolvente y poderosa para quien la capta en su esencia, y él la sabía, la captaba, la amaba. Lograba abstraerse de todo, aún de esos seres, que también escuchaban la música, más no con los oídos, sino con los ojos, porque para ellos esa música era sólo otra de las iconografías dramáticas, como las figuras, las luces y las sombras. Sentían la música con los ojos, en aquel contexto coadjutor de efectos buscados y especulados. Así, con ojos desbordados de imágenes, que enceguecían a otras luces, fieles a esas imágenes, y sólo a ellas. ¿Y no era justamente esto el problema? Un hospicio basado en imágenes, ojos desbordados por imágenes fabricadas de ante mano por otros. Imágenes de sentidos ya formados, como cuerpos teóricos, lecciones que uno debe memorizar, significados ya digeridos que uno debe masticar y tragar, sin mayor esfuerzo. Imágenes, ojos y sentidos ya digeridos. ¿No era éste el problema? En eso pensaba Sebastián muy a menudo. Aquí, en éste punto es donde se sentía distinto, afortunado. Su rol, el de simple organista, le brindaba algo que los demás no tenían, el contacto directo con la energía y los efectos que producía directamente en su mente. Sin imágenes guía, sin cuerpos de teorías, absoluta praxis, absoluta vivencia, solo él y su mundología. Mas los otros no lo sabían. Como a un simple organista... ¡sólo así lo “veían”!
Ya los niños habían dejado el porche del templo, el silencio se había restaurado, pero nada había vuelto a llenarlo, parecía entonces como si las ondas de aquellos infantes continuaran propagándose en la reverberación del templo. Como si las voces se estiraran en el tiempo, un tiempo que se negaba a cambiarlas ... ante la existencia real de nada, de silencio, de ausencia de nuevas ondas sonoras, las voces infantiles se alargaban y perduraban en la mente de Sebastián hasta que otro sonido las reemplazara, o hasta que de la misma mente emergiera otra sinapsis de largo plazo, otro recuerdo, otro pensamiento emanara de la memoria y se apoderara del tiempo, poniendo fin a los feudos segundos de aquellas voces estridentes de infantes inocentes. Y, como era de esperar en el templo -reinado visual de imágenes emotivas- ningún sonido resonó. Fue entonces la mente de Sebastián la que reemplazó a los ecos mentales de las voces infantiles con otro pensamiento, y fue éste una evocación, ya que Sebastián recordó un pasaje de su infancia, se vio él mismo gritando fonemas estridentes que generaban batido en otras mentes, hace ya algunos años...







02. Capítulo SOL

  
Finalmente, el auto se detuvo, Sebastián sintió la mano del chofer que lo sacudía. Ya habían llegado, allí, estaba la gran puerta de duramen, ensonrojada por los rayos solares, atardecer,  pintada con armónicos matices colorados.

-¡Bajá! ¡Dale! ¡Delincuente! ¿Cómo podés dormir tan tranquilo? -dijo el conductor.
La puerta se abrió, y del interior del hogar salió Vera, con su tan conocido rostro severo. ¿Cuántas veces había visto Sebastián, esa misma expresión en el rostro de esa mujer? Tantas, como las arrugas que la envolvían...

 -          Así que acá está el Señor Sebastianito, ¿cómo estuvo su paseíto por el campo? ¿satisfactorio? ¿los pajaritos? ¿los arbolitos? ¿Todos bien?
Sebastián caminó hacia la entrada, y con la cabeza baja escucho el sermón sarcástico de Vera. Y al oír las palabras...
-            ¡Andá a tu cuarto!
Retomó su marcha, subió las escaleras y entró a su habitación.     

A la mañana siguiente, en la mesa de desayuno todo giraba en torno a él. Las sonrisas cómplices de los otros chicos se acentuaban cuando Vera se levantaba para traer algo a la mesa, quedando los pequeños en libertad para el escarnio ...

-      ¿Y...? ¿Qué te dijeron ahora los arroyitos?
-          ¿Juntaste muchos bichos ayer?
-          ¡Sí! ¿Qué hacés con los bichos después? ¿Te los comés?

Sebastián pensaba en el día que le esperaría en el Centro, sus compañeros seguirían así toda la mañana. Con sus bromas, sus cargadas, y sus exhibicionistas bravatas. -¡Qué fácil sería ser líder! –pensaba. Si en lugar de escapar del Centro para ir al campo, me escapara al Comercio
. ¡Qué fácil sería ser su líder!

  
El Comercio:
En la comunidad se construyeron calles exclusivas para los negocios. Allí se montó el sector de compra-distracción. En ellos se realizan todos los días las “venta-marcación”: Vidrieras con la nueva tendencia de ropas, los cyber con sus juegos en red, o con sus salas de chat, pastelerías y confiterías abarrotadas de comidas artificiales y grasosas, etc. En fin, morada de productos donde se “crean” las nuevas necesidades “imprescindibles” y donde se brinda la cuota diaria de distracción, vital para la vida social en la comunidad. Cada cierto período, no muy largo, se renuevan las estanterías con nuevos productos que traen a la comunidad. Todos los días las vidrieras lucen nuevos uniformes, nuevos aparatos, juguetes para niños, para adolescentes, para adultos, renovados colores y nuevas texturas para construir la vida en el hospicio, y es que el ideal de autorrealización debe reconstruirse, reforzarse y sobre todo, nivelarse día a día. ¡Sí! ...Un mecanismo tan simple como éste resulta sumamente eficaz. 
Si Sebastián, en lugar de escaparse a la paz del campo, se escapara a esos lugares, sería considerado por sus compañeros como un digno líder. Pero en cambio; bromas, humillaciones, una sesión entera de la más cruel violencia infantil, como inconsciente castigo por negarse a ser como ellos. -¡Qué alargada mañana me espera en el Centro!- pensaba. 

 
El Centro:
El trayecto hacia el Centro fue largo, mucho más largo que las cuadras que realmente duraba. Sebastián sentía el estómago vacío, aunque había desayunado, el vacío parecía retardar el paso del tiempo. El frío reforzaba este estado. Mientras caminaba pensaba en el porqué. Las veredas, a esas horas, sufrían el peso de personas apuradas, silenciosas, absortas en pensamientos sobre el día que comenzaba. Las cosas que harían, las que no, problemas a resolver, problemas a crear.

Caminaban por las calles, hasta sus lugares de trabajo a cumplir sus roles en la comunidad-hospicio. ¿Pero, Sebastián se preguntaba, ¿cuál sería su propio rol? Inmediatamente, ir al Centro... ¿Para qué? A encerrarse en ese edificio con adiestradores grabados. Así los pensaba, pues repetían sus discursos, aprehendidos por ahí, los reproducían, y por su parte, él tenía que escucharlos, aprehenderlos y repetirlos. -¿Para qué? Durante todo el trayecto se preguntaba lo mismo...¿Para qué? ¿Estarían las personas que pasaban por la calle fingiendo? ¿Fingirían el interés que aparentaban tener en sus roles, o realmente creerían en ellos? Con el sólo hecho de tener éstos pensamientos, Sebastián se sentía distinto y se preguntaba cual sería su rol y... ¿Para qué?

Ya en el aula comenzó el diluvio de bromas. Sebastián no reaccionaba, sólo esperaba que viniera el adiestrador para que sus compañeros se callaran, los segundos se hacían insoportables, las bromas continuaban, el adiestrador no venía, se había demorado dos, tres minutos, pero en aquella aula cada minuto era una sucesión de efectos agresivos. Se pagaba caro no ser como ellos. Y en realidad, ¿cuál era el motivo de no serlo? Sólo sabía que no era como ellos, pero no sabía quién era él, no sabía por qué era distinto y a nombre de qué lo era, y sobre todo... ¿para qué? Sólo intuía la diferencia. El adiestrador no venía ¿cuántos minutos estaba demorado?... ¡cuatro, sólo cuatro! Los compañeros coreaban una burla, el estribillo dolía, y el adiestrador no venía. Una vez que llegue, el orden se instalaría, y luego el mismo devenir del día haría olvidar a los compañeros de atormentarlo por la novedad de su escape al campo. Nuevo sucesos llenarían sus mentes -¿Me parecerá ésto alguna vez una insignificancia? Tal vez nuevos sucesos futuros de mi vida llenen mi mente y ya no recuerde estos días. ¿Cómo será vivir sin tener que venir al Centro? En esto pensaba Sebastián mientras aguardaba la llegada del orden.
En el Centro sólo se tiene que escuchar y anotar en los cuadernos lo que “debe ser”; las formas cómo deben ser las cosas. En realidad no se les exige que cumplan tajantemente con lo que se enseña; los Ingenieros no son tan ingenuos, pero con que capten las formas generales es suficiente. Con que retengan los contornos; los colores con que pinten dentro, podrán variar a gusto individual. Deberán creer que eligen la forma, que la construyen, aunque sólo rellenen dentro del contorno marcado.

Al fin, el adiestrador llegó al aula, el orden se instaló, el día comenzó.     
-          Disculpen el retraso, ¡ya está confirmado! Mañana nos esperan en el estudio de grabación de TELESER, vamos a presenciar los ensayos y el detrás de cámara de “Una familia como la tuya”.

Tratando de no ser tapado por los gritos y exclamaciones de júbilo de los alumnos, el adiestrador continuó....
-          Van a estar muchos de sus actores favoritos, pero recuerden que ellos van a estar trabajando, por lo que van a tener que portarse muy bien, si no lo hacen, nos van a pedir que salgamos del estudio, y eso va significar el fin de la excursión
El griterío de júbilo de los alumnos aumentó unos cuantos decibeles. Mas Seabastián, permaneció pensativo... -¿Una familia como la mía...? ¿Cómo sería una familia como la mía...? ¿Cómo sería mi familia?
 
¡Recreo! los chicos salieron al patio y la novedad había sustituido el escape al bosque de Sebastián, por lo que sólo se hablaba de la visita que harían al día siguiente. Se mezcló entre los demás. En realidad no se mezclaba, solo, deambulaba entre ellos. De todos lados se escuchaban comentarios sobre el programa que la TV había divulgado la noche anterior. Él, como no lo había visto, desencajaba, por lo tanto, se limitaba a deambular entre los demás, un poco desconcertado, un poco desorientado, un poco... apartado.

La jornada en el Centro se hizo insoportable, simplemente, a media mañana, decidió irse.

Caminó unas cuadras sin dirección, sólo caminaba, y en cada esquina decidía hacia donde doblar o, si seguiría derecho. El Centro le dejaba ese sabor extraño que le duraba unas cuadras para luego disolverse, hasta desaparecer en el transcurrir del día que quedaba. En una esquina pensó en volver hacia atrás una cuadras, pero repasó que no había visto ni sentido nada interesante cuando las hubo recorrido, y supuso que si volvía hacia atrás, sería como repetir el pasado monótono. La idea de trocar un futuro que podría llegar a ser interesante, en pasado, y así en un presente continuo, no era muy tentadora. Convertir el futuro en presente cíclico retornando al pasado, un pasado que nada le aportó, únicamente el hecho de su transcurrir mismo. Así es que decidió seguir hacia adelante o doblar en algún sentido, pero siempre con la expectativa de algo nuevo. Caminar sin un camino, sometiéndose a la suerte, buscando torbellinos, construyéndolos, medio con intención, medio con azaroso destino.
 En el campo ésto era posible, y era lo que a Sebastián le gustaba, siempre había algo nuevo que ver. Se podía juzgar algo, como causa e imaginarle un efecto, o creer que algo era efecto y deducirle una causa. Así, observar cómo la orilla de algún arroyo, podía ser una inmensa playa oceánica para algún pequeño anfibio. O, cómo debajo de alguna piedra, muchedumbres enteras de insectos viviendo en sombras, ocultos de los reales rayos del Imperio Sol, se entregaban a sus ritos ancestrales. La copa de algún árbol, rascacielos laberíntico de caminos en competencia, bañada efímeramente por algún pájaro volando en lo alto, que hace trotar a su sombra, por el suelo. Algún aroma nunca antes sentido de alguna flor rara, que incita a las rápidas danzas de los artrópodos entregados a sus ceremonias de estación. O, el lento devenir de algún gasterópodo terrestre, que al observarlo, da la sensación de que uno puede adelantarse a su futuro inmediato, dando ganas de advertirle, de gritarle ¡Cuidado caracol! En el campo todo parecía estar articulado, relacionado, azarosamente ordenado, allí no había TV trabajando, no había vidrieras someras, ni estudios montados con falsas quimeras, ni siquiera caminos asfaltados, ni perfumes enfrascados. En el campo cada ser, parecía seguir sus propias reglas, sus propias metas, sus propios deseos, parecía que cada uno jugaba su propio juego, ellos mismos eran sus arquitectos, en equilibrada competencia, perpetuaban su existencia. Pero todo parecía relacionarse, de alguna forma, de alguna manera que no se sabía, se sentía. Figurarla, conjeturarla, labrarla con hipótesis imaginadas, componerla con sonidos e imágenes entresoñadas. O solamente, sentirla así, oculta como un tesoro hierático, vedado. Interesante, por ser justamente un secreto sibilino.

Pensarlo y a veces, sólo sentirlo, le resultaba maravilloso.
Para él, todo ésto, era posible únicamente en el bosque, en la comunidad, aunque para muchos era lo contrario, todo parecía ya dado; las vidrieras estaban ahí para vender sus productos, los semáforos para guiar a los autos, las calles estaban delimitadas, las personas parecían caminar con un fin ya trazado. La variedad de acciones y reacciones parecían ser tan sólo en apariencias, la monotonía unidimensional, parecía ser su verdadera esencia.

Sebastián caminaba sin esperar que nada interesante ocurriera, se sintió cansado, cansado de caminar en lo dado, y se sentó en el cordón de la calle. En el bosque podía caminar, correr, saltar todo el día sin cansarse en absoluto, sin embargo una cuadras de monotonía dada, lo habían fatigado.
 
-          ¡Disculpá! ¿Me das una mano? Se me trabó la rueda de la bici y no hay caso, no la puedo destrabar.
Sebastián levantó la mirada para ver a un chico, que tendría su edad, señalando a un carrito atado a una bicicleta en la vereda de enfrente.
-          ¡Eh!... sí, sí, ¿qué pasó? -dijo no muy firmemente.
-          No nada, que se enganchó el fierro del carro en la rueda de atrás -explicaba mientras cruzaban hasta la bicicleta-. Si podés, vos tenés el carro y yo tiro para adelante la bicicleta.

Sebastián lo observaba con extrañeza. Y no es que nunca hubiera visto antes a gente como él. Pero la verdad nunca les prestó mucha atención. Simplemente pasaban por las calles con esos carritos tirados por un caballo o por la persona misma, a veces enganchado a una bicicleta, tal como tenía éste chico. Sebastían mientras lo observaba, sostuvo el carro; el extraño chico tiraba con fuerza de la bicicleta. Y es que el caño que la enganchaba al carro, se había salido, ya que simplemente estaba atado con un alambre, y se había encajado entre la rueda y el eje.
-          ¡No sale ni en pedo! Gritó con bronca el pibe y se tiro hacia atrás resignado.
Sebastián no sabía que hacer, pues la apariencia y la forma en que se comportaba aquel chico lo desconcertaba un poco.
-          ¿Pruebo yo? -le preguntó no muy seguro.
-          No dejá, no te gastés, ta’ re trabado
-          ¡Pruebo! ¡Total!
-          Buen, si querés, pero no... no va a salir.
Sebastián miró detenidamente la situación, tomó el fierro con una mano y con la otra presionó la parte trasera del asiento, haciendo fuerza en dirección opuesta. Pero no salía.
-          No... no ves, ¿qué te digo? ¡no sale ni ahí!
-          Capaz si desinflamos la rueda para mover el fierro un poco y así poder empujarlo
-          ¿Desinflarla?  ¿Y después cómo sigo?
-          Pero así tampoco vas a poder seguir
-          Sí, pero igual no es seguro de que salga, y encima, después me queda la rueda desinflada.
-          Y bueno, no sé, habrá que arriesgarse.
El chico se quedó pensado unos segundos...
 -          Buen, dale, desinflala –dijo resignadamente.
Sebastián desinfló la rueda y luego presionó haciendo mover el fierro transversalmente y tirándolo hacia atrás, pero no pudo. Estaba demasiado duro.
-          A ver -dijo el chico-. ¡Dejáme a mí!
El chico hizo lo mismo, pero con otro resultado.
-          Ah... viste, ¡salió! -dijo Sebastián-.
-          Sí... tenías razón, ¡esta porquería de fierro, se hacía rogar!
-          Ahora lo malo es que esta desinflada
-          Sí, ¡qué garrón! ¿Alguna bicicletería para inflar por acá? ¿dónde habrá? 
-          No sé, la verdad
-          Si no..., ¿no me bancás con el carro, mientras yo voy a buscar una bicicleteria? La inflo y vuelvo.
-          Eh...
-          ¡Dale!... en cinco minutos vuelvo.
-          Bueno, sí... no hay problema
-          ¡Joya! Ahora vuelvo. Cuidá que no me roben nada –dijo, y se rió mientras se alejaba con la bicicleta en mano.

Sebastián se quedó al lado del carro, a un costado del cordón. La situación era rarísima para él. Optó por sentarse al lado del carro a esperar. De pronto comenzó a ver que mucha gente que pasaba, lo observaba de una forma como nunca antes había sucedido. Eran miradas muy breves, que apenas cuando Sebastián fijaba su mirada en la de ellos, éstos la quitaban rápidamente. Como simulando no haber estado mirándolo. Era muy raro. -¿Pensarán que soy el dueño?- caviló.

De pronto miró hacia el carro como si fuera la primera vez que realmente lo veía. Era un rectángulo hecho con cuatro chapas de hierro y otra más haciendo de piso, atravesado por debajo, en el medio, por un eje con dos ruedas de bicicleta vieja en sus extremos. Del carro salía un fierro que se ataba al asiento de la bicicleta, y era justamente el que se había zafado para encajarse arriba de la rueda. Se incorporó y se puso a observar su contenido. Había de todo: cajas de cartón plegado formando parvas, unas bolsas con latas de gaseosas, algunas botellas transparentes, muchas bolsas hechas bollitos, pedazos de fierros, una bolsa con revistas viejas, dos o tres bolsas con periódicos amarillentos. Era asombroso la precisa distribución que tenían todos los objetos, compactados al centímetro, y ordenados de forma que hicieran más lugar. -¡El peso que tendrá todo el carro!-reflexionó. -¿Cómo puede tirar de él, este pibe? Pensó que si él tuviera que hacerlo no llegaría ni a la cuadra. ¿Cómo es que nunca antes me había fijado en estos carros? -siempre los había visto como al pasar. Como algo más, que solamente va por la calle. Nunca se había preguntado quiénes eran y por qué andaban con estos carritos. 
 -          ¡Tirar de estos carros!

De pronto la sola idea, le pareció descabellada. Ahora que estaba al lado de uno de ellos, observando su interior, en detalle, parecía imposible que alguien tirara de él a través de cuadras y cuadras. ¿Cómo podía alguien que debía tener su misma edad, tener la fuerza suficiente para tirar y arrastrar tánto peso? Sebastián no dejaba de mirar el contenido del carrito y no salía del asombro cuando escuchó frenar la bicicleta.

-          ¡eih, amigo! ¡ya estoy! Por suerte había una bicicletería acá nomás, tres cuadras nada más. ¿Todo en orden acá?
-          Eh... sí, sí, todo en orden.
-          Buen... gracias, la verdad, lo tuyo... una masa, me re zafaste.
-          No, todo bien. ¿Venís de muy lejos con el carro?
-          Y sí, la verdad, son unas cuantas cuadras –explicó mientras ataba el fierro que sujetaba el carro (el que se había salido), a la base del asiento-. De acá serán unas... treinta cuadras derecho, treinta y tres en realidad, hasta la rotonda, después serán unas... treinta más, y después siguiendo el riachuelo serán unas... y... unas veinte cuadras más.   
-          ¡Ochenta cuadras! ¡Venís con el carro haciendo ochenta cuadras!
-          Sí...¿Por?
-          ¡Pero, si es pesadísimo!
-          ¡Ah...! ¿Por eso decís? Igual todavía tengo que llegar hasta la Estación, que son de acá unas... veinte cuadras más, y después volver.
-          ¿Qué? ¿Me estas hablando en serio? ¿Cuántos años tenés?
-          ¿Yo?, doce ¿Por?
-          ¡Tenés la misma edad que yo!
-          ¡Ah! ¡Mirá vos! Por cierto... mi nombre es Marcos...
-          Yo me llamo Sebastián, y..., ¿cómo es que no vas al Centro? Por que a esta hora tendrías que estar ahí
-          No, yo no voy al Centro, supongo que vos sí...
-          ¡Eh...! Sí, en realidad tendría que estar ahí pero... digamos que me tomé el día
-          ¿Cómo que te tomaste el día? Según sé, no es algo que vos decidís hacer o no. Para ustedes es una obligación.
-          Bueno, sí, pero es que... pero..., ¿por qué decís “para ustedes”?
-          Y..., “ustedes”, pasa que yo no pertenezco a tu comunidad
-          ¿Cómo que no?
-          No, yo sólo vengo a trabajar, junto cartones, papel, y todo lo que me sirva para vender y me voy. Conoces Villa Salada, yo vivo ahí. Y hablando de irme, voy a tener que seguir viaje porque ya estoy retrasadísimo. Si alguna vez necesitas algo, yo te estoy en deuda...
-          Pero, si no se dónde vivís y dudo que vuelva a cruzarte.
-          Ya te dije hoy, son treinta cuadras derecho hasta la rotonda, después agarrás el camino de tierra que sale de ahí, es el único, hasta que se cruza con el riachuelo, bajás, siguiéndolo hasta que veas un montón de casillas de chapa, esa es la villa donde vivo, ahí preguntás por mí, y te van a decir cual es la casilla mía, ahí todos nos conocemos. ¡Buén!... pero igual... no creo que vayas.
-          ¿Por? ¡Sí que voy a ir!
-          No te van a dejar entrar
-          ¡Qué importa!
-          Puede ser peligroso, en realidad, mi gente no te conoce y buén...
-          Pero yo digo que soy tu amigo
-          Y..., así puede ser.
-          Buén, amigo, me voy, gracias por la ayuda

Marcos se subió a la bicicleta y empezó lentamente a pedalear. Sebastián lo observaba admirado, era la primera vez que veía a alguien llevando un carro, aunque, en realidad, no era la primera vez, era sin embargo la primera vez que veía realmente a alguien llevando un carro...







03. Capítulo RE

Prólogo

       
Lejos de escribir un prólogo extenso y denso en palabras, brindaré sólo una breve explicación sobre el origen del documento web. El mismo es simplemente un archivo que llegó a mis manos en forma, yo diría... misteriosamente anónima. En realidad no llegó a mis manos, sino a mi computadora. Fue apareciendo en la memoria de ésta sin yo poder saber quien lo enviaba, mucho menos el por qué o para qué lo hacía. En un primer instante pensé que se seguramente sería un virus informático, luego me convencí de que no lo era. El único dato concreto fue el nombre que apareció en el título: Martín Δαμάσκιος y del cual nada pude saber. Aunque confieso haber realizado una infructuosa y larga búsqueda, la cual me ha dejado en condiciones de afirmar que: no existe nadie, hasta el presente, con ese nombre y con semejante historia. Y después de leer el contenido de este archivo pienso que quizás la clave este en las palabras “hasta el presente”. Como sea, el hecho es que decido publicar este archivo. Sepan que más allá de los motivos que pudiera haber tenido el autor en escribirlo, no estoy en condiciones de asegurar, si es este un relato de ciencia ficción o si es el producto de la ciencia real, que a nuestro presente parece ficción. Pero sea cual fuera la respuesta, lo cierto es que desarrollé una extraña afinidad y también, de alguna forma, obligación para con este misterioso autor. Seré entonces el primer eslabón en su comunicación con el resto de los seres. Sean ustedes los siguientes, ya que más allá del origen de este documento, lo cierto es que, y según creo firmemente, la propagación del conocimiento, en cualquiera de sus formas, nunca debe detenerse.    

                                                                               S.



Escrito web
del Ser de
Martín Damascio


      En las próximas líneas intentaré, no sin esfuerzo- como debe ser- comunicar lo que comenzó a suceder en las cercanías del primer cuarto de siglo, de la presencia de mi cuerpo sobre este planeta. Quizás, debido a que en los últimos años me he refugiado en lugares donde ya no resuenan ruidosos ecos humanos, puedo percibir con absoluta calma al silencio físico de mi ser, que es casi un hecho. Decido entonces, compartir con alguien el conocimiento obtenido a lo largo de mi existencia, y en realidad, es éste el que le otorga esencia y sentido. Esta necesidad de comunicación,  resabio de otros tiempos, es quizás una esperanza de trascender a este silencio físico, que está pronto a envolver mis sentidos y transformar mi materia. Tal vez, pienso que si alguien tocara en estos momentos a la puerta de mi apartado bunker, al recibirlo podría narrarle lo que tengo pensado escribir, y habiendo saciado mi sed de comunicación, no le brindaría mi esencia desnuda a las letras, a los puntos y a las comas. Quién sabe, tal vez fuese esto lo mejor. Pero probablemente nadie toque a mi puerta, y si alguien lo hiciera, seguramente arrojaría ásperas piedras sobre mi nombre. ¡Aquellas...! que tan bien conozco, ¡aquellas...! a las que con la palabra loco  tallan su esencia, ¡aquellas...! las que a lo largo de la corta existencia humana, fueron siempre efímeras compañeras de manos involuntarias, comandadas por el instinto disfrazado de miedo. Quizás por este problema de comunicación, que en realidad me excede, pues el humano sólo escucha a los constructores y a los obreros de la normalidad, es que me refugio en mi bunker. Aunque sospecho que de todas formas, éstas piedras se han transformado en pompas de algodón invisibles, que a ninguno de mis sentidos altera, que a mis neuronas le son indiferentes, y que al golpearme ya no resuenan. Como silencios en una partitura, uno los puede solfear, pero..., ¿qué otro sonido mas que el silencio poseen? Así como el silencio físico de mi cuerpo, que ya es casi un hecho... el silencio de la ignorancia es  pariente anterior, que mora en muchos techos.
Y para anticiparme a mi probable silencio, comenzaré entonces lo prometido. Pero antes, debo introducirlos al conocimiento de cierta especie. Una, que no se encuentra en ninguna clasificación de ningún tratado de botánica ni de zoología de ninguna época o cultura pasada o presente, porque... el pasado no es su hábitat, tampoco lo es el presente, habita -o debo decir -habitará... el futuro. El futuro es su dominio, el futuro es su potestad ganada a través de la lucha por la supervivencia. 
El “Proyecto Seres”, según sé, comenzó a tomar forma en 1989 en la ciudad de Massatchuset. El C.I.P.L.A (Centro de Investigación para Proyectos de Largo Alcance) fue creado para comenzar la génesis de un experimento de muy larga duración. El ambicioso y colosal proyecto sería desarrollado por varias generaciones sucesivas de los más renombrados científicos de todo este planeta, ya que sólo a través de los años comenzarían a verse resultados. El objetivo de este proyecto era la creación, mediante selección artificial, de una nueva especie que llamarían Seres Cibernéticos. El proyecto prosperó y la nueva especie comenzó a trepar en las ramas de la evolución. ¿Como lo sé? Luego habrá tiempo para explicar esto, ahora me interesa que conozcan un poco sobre la historia de los seres cibernéticos.

Volvamos a la década del 90’. El C.I.P.L.A. basó sus primeras investigaciones en la experimentación con artistas. De estas investigaciones surgieron ciertos postulados científicos que enunciaban la Teoría Mundo Interno- Mundo externo del Yo. Dicha teoría explicaba el “funcionamiento interruptor” que debía hacer un artista para crear su arte.

Esta teoría postulaba la coexistencia de dos realidades opuestas y antagónicas en la mente del artista. Se denominó “Mundo interior” a aquella “realidad” que el artista “vivenciaba en su mente y Mundo exterior a la “realidad armada automática y cotidianamente en función de otro humano” Es decir las acciones y comportamientos que tendían a la conviviencia entre individuos. La suma de los “mundos exteriores” de las distintas gentes  formaban la idea de “realidad social”.
Para crear “arte” el artista, cargado con el material de conceptos y vivencias del mundo exterior se hundía necesariamente en su mundo interno y allí se producía la ruptura, la invención, necesaria para dar a luz nuevas ideas u obras. En ese entonces no estaba claro los mecanismos en que el artista creaba; es decir cómo “aparecían en la mente del artista”, las ideas puras que luego el artista moldearía y daría forma según el arte que practicara. En esta cuestión se bifurcaron las teorías y surgieron distintas corrientes; Traducción, Invención,  fueron algunas de ellas.
Pero más allá de ésto, lo cierto es que el artista debía sumergirse en su mundo y abandonar el exterior necesariamente, para producir arte que después ofrecía, exhibía, en el mundo exterior.
Cuanto más arte producía más tiempo debía sumergirse en su mundo, y, tal es el caso de algunos artistas, cuanto más tiempo permanecía en su mundo, más “le costaba” “volver” al mundo exterior. Y es que aquí entraba en juego el “funcionamiento interruptor” Debía  “apagarse” del mundo exterior para prenderse en su “mundo interior” y viceversa.
Las estadísticas mostraban distintos grados de funcionamiento del “funcionamiento interruptor”.
Un porcentaje de estos artistas transcurrían sus vidas con funcionamientos equilibrados, en otros en cambio no podían manejar el interruptor y desequilibraban perdiéndose en su mundo interior. Consecuentemente eran estos los períodos de mayor productividad pero también, en la mayoría de los casos, eran los de mayor autodestrucción. Y es que muy pocos artistas lograban ser apadrinados o sponsoreados suficientemente como para no tener que volver al mundo exterior y darse “el lujo” de permanecer en su mundo interior. La mayoría vivían y terminaban trágicamente. “locos” tal cual se los definía. Generalmente esto traía aparejados enormes problemas de convivencia con el resto de la “realidad social” y de ahí sus odiseas.

A esta altura de la lectura de este archivo web,, se preguntarán porque fueron los artistas los escogidos como ejemplares de laboratorio. Antes de ver esta cuestión, debería quizás aclarar qué se entiende por artista: por supuesto entran en esta categoría aquellos artes clásicas, desde la música, pintura, y por supuesto las nuevas, para la época, expresiones artísticas vinculadas a la expresión mediante cualquier soporte o lenguaje artístico. Pero también se catalogaron para este proyecto como artistas otros ámbitos de la actividad humana como la ciencia y la tecnología, no cualquier científico por supuesto, sino aquellos menos que cumplían ciertos requisitos en función del proyecto C.P.L.A.

En contraste con esta categoría de artistas se encontraba la mayoría de la población  que al igual que los artistas, vivían cotidianamente en la realidad exterior, construían AUTOMÁTICAMENTE sus rutinas diarias en función de su reflejo; es decir proyectados hacia la relación con los demás individuos de esas sociedades. Pero a diferencia de éstos,  transitaban por escasos momentos su mundo interior. No “producían” ruptura sino que “reproducían” estructura, estructura social: mundo externo.
Reproducir no significaba no innovar, por el contrario una sociedad siempre innovaba los objetos con los que se reproducía, por tanto los materiales que se reproducían siempre cambiaban, pero el mecanismo de reproducción era el mismo. No eran ellos los que Inventaban, sino se limitaban, inconcientemente claro, a reproducir la estructura externa. De aquí que hubiera cierta idea de dinamismo en la realidad externa o social, pero la esencia, la repetición pasaba desapercibida.   
En el caso de los artistas, al sumergirse en el mundo interior de cada uno, fluían ideas puras, las cuales eran “trabajadas y moldeadas” hasta ser convertidas en un objeto artístico. Y el resto de la cadena ya lo sabemos, el arte se escindía del artista y pasaba a a ser algo ajeno a él, y de común circulación entra las demás personas.
Los científicos supieron ver, individualidar y aislar esas “ideas puras” que los artistas experimentaban antes de trabajarlas y supieron valorarlas en función de su proyecto.

La historia de la literatura es el ejemplo más adecuado para ilustrar la historia de los seres cibernéticos, resultado estos de estas primeras y rudimentarias investigaciones que estoy narrando
No es casualidad que este manuscrito circule en este período de tiempo y no antes. Simplemente diré, que en estos momentos comienzan a verse ya los orígenes de lo que para mi es “mi” época, (la época de los seres cibernéticos) y para ustedes es “su” futuro.

Los grados de evolución de sus tecnologías en “estos” momentos, es decir año 2010, permiten “ya” avisorar y visualizar, aunque con un poco de esfuerzo para ustedes aún, conceptualmente las ideas que a continuación describiré.

Ya en este presente las formas clásicas de hacer literatura comienzan a declinar. Imaginemos la siguiente situación: En la mente del artista (del escritor en este caso) surgen una “ideas pura”, (es decir esa idea que se ve borrosa pero que es la chispa inicial para la creación) inmediatamente el artista “trabaja” esa idea en su mente y después, una vez moldeada, o mientras es moldeada, se expresa en un papel, luego se organizan la trama, donde se enlazan y se relacionan, con otras ideas puras que también son moldeadas y se da forma a una historia que se publica en un libro.

Estas formas de publicaciones en libro comenzaron a disminuir, tanto en su producción por parte de autores como en su lectura y recepción por parte de lectores.
Muchos fueron los motivos por lo que esto ocurrió, pero uno de ellos fue el avance de las nuevas formas de escritura cybernéticas. Y nada es casualidad en la realidad social, el chat, los blogs, las redes sociales, etc. son productos de aquellas primeras investigaciones con artistas y sus ideas puras. ¿Cuál es la relación? Verla requiere de un pequeño esfuerzo.

La comunicación al instante  que permiten las redes sociales en internet son las bases de las formas futuras de literatura basadas el “Tiempo inmediato y puro”. Inmediato porque no se retiene la idea sino que se expresa al instante, y puro porque no se la moldea y trabaja sino que se expresa directamente sin “procesar”.
Claro, que para 2010, todavía no podemos hablar de comunicación entre “ideas puras”. Recuerden que esto fue un largo proceso hasta llegar a donde quiero ir... Hacia el futuro, hacia los seres cibernéticos, mi presente, su futuro. Con el transcurso de los años la literatura fue tomando formas cybernéticas, se escribía conectados en red a otras personas que leían y al mismo tiempo escribían. Estas nuevas formas de literatura, eran efímeras y directas. Poseían en esencia, las ideas puras del artista.
Por supuesto, no sólo los artistas usaban estas nuevas formas de comunicación. Es aquí donde está el punto central. Basados en las ideas puras del artista antiguo, la realidad exterior o social comenzó a manejarse con ideas puras. El camino hacia la cybernetización del hombre estaba en marcha.
       
  -Limpieza de cuarto!


Los de la limpieza! en esta comunidad son muy estrictos con la maldita limpieza. Tengo que cortar la conexión. Después sigo.





04. Capítulo LA


Luego de recordar su infancia, se dedicó a tocar, limpiar y afinar los enormes tubos del órgano. Salió del templo, caminó unas cuadras en la casi noche que tapizaba la realidad de las veredas. Cansado, Sebastián llegó a la casa y fue directamente a su cuarto. Entró como una sombra por el pasillo, al cruzar por la puerta del living, esta vez no se fastidió por la TV encendida en la sala, ni miró quienes estaban sentados en los sofás. Apenas casi como un recitado de palabras en un idioma que se logra entender pero que nos es ajeno, escuchó -¡Este no saluda! ¿Quién se cree que es? Al subir la escalera las palabras ya se habían borrado del aire y de su mente. Cerró la puerta. 
Al fin en su cuarto, se tiró en la cama y a través de la penumbra que entraba por la ventana, miró el techo, éste se fue haciendo más claro a medida que se acostumbraban sus ojos a la oscuridad. Luego comenzó a explorar las penumbras de la habitación. Sus ojos eran creadores imaginativos de la realidad y al mismo tiempo realistas de la imaginación. Las formas comenzaron a formarse y dejarse ver. La mesa llena de objetos desordenados, vista desde esa perspectiva, podía ser una gran ciudad caótica en corte transversal, aún sabiendo que era una mesa desordenada parecía una ciudad con su cúmulo de edificios y calles zigzagueantes. La visión era tan real como ficticia. El caos, el ruido...       
De golpe Sebastián se levantó, fue directo a su viejo bajo eléctrico, lleno de polvillo como es habitual, pero listo en su pie junto a la pared, enchufado a los pedales y al equipo. En las penumbras de la habitación, dejó grabando el MP3 tipo pen drive, y lo tiró en la mesa ciudad al lado del equipo. Prendió y comenzó a improvisar. 
Con los ojos cerrados, ahora era su mente la creadora imaginativa de la realidad y al mismo tiempo, realista de la imaginación. Las notas y los ritmos surgían consientes de su naturaleza armónica y rítmica, con sus duraciones y consonancias, con los timbres y disonancias. Las escalas, las figuras. Pero a la vez, nada de eso existía como tal, sino como energía, la música era incógnita de una traducción de ALGO en el universo. Miles de sospechas, dudas, incertidumbres y teorías, pero también, confirmaciones, certezas, certidumbres y práctica. Práctica consciente del manejo de la energía. Un medium entre el universo y la humanidad. ¿Un creador o un interprete de algo?  El principio de incertidumbre. El caos, el ruido. De repente, en la mente, la ciudad. El temperamento igual. Templar para corregir el error, las desafinaciones. Repartir el error para establecer una normalidad y establecerlo como lo correcto. Volver la locura normalidad. Acabar con el batido.      
Sebastián movía frenética e inconscientemente los dedos de su cuerpo, y también, los pensamientos de su mente. La unidad. Cuerpo-mente. La esencia. Energía. La locura repartida, temperada. La sospecha.  


Ruido Distorsión 30 00 
Un hombre encerrado en la humanidad de este planeta





 Hola, el peor sonido que nuestra última tecnología en audio digital nos puede brindar. Ruido Distorsión 30 00 Un hombre encerrado en la humanidad de este planeta es música que compuse en la casa de la comunidad, un día por la noche cuando llegué del templo donde estuve toda la tarde tocando, limpiando y afinando los tubos del órgano. En la noche de ese día me dieron ganas de tocar, improvisé en el bajo eléctrico sin pensar en duraciones, estilos, armonías, ni nada en particular. En la improvisación usé, además de mi querido bajo azul, los clásicos pedales de efecto delay, chorus, distorsión y phaser, que son quienes en estos momentos me acompañan en la ejecución de la música en mi cuarto. Antes de tocar, dejé grabando mi MP3 tipo pen drive, lo tiré arriba de la mesa que está al lado del equipo de bajo. Aproximadamente una semana después, en un día de lluvia torrencial, “tomé” el audio grabado y lo procesé en un programa de edición de audio que ya hace mucho me acompaña.

El ruido. 
Mi idea fue trabajar con ruido en vivo durante la ejecución, con ruido en la “calidad de grabación” del grabador, con ruido como parámetro, para asignar efectos en la edición de la pista y con real y azaroso ruido, como saturación de los parlantes que eventualmente reproduzcan la obra.  
Los efectos de ruido en la edición se dispusieron sobre ciertas partes de la pista, sin cortarla, es decir, manteniendo siempre la duración y la sucesión original de los sonidos del bajo. Los efectos están “sobre” la improvisación.
Quizás, deba agregar una quinta participación del ruido en la obra. Cuando termine de sonar la música, los oídos de la persona que está escuchando, se focalizarán en los ruidos ambiente del lugar donde esté. Si la persona toma conciencia de ésto, verá que la obra adquiere un final azaroso y siempre cambiante. Con el ruido ambiente, la composición quedará abierta siempre, a cada escucha, y a cada persona, por el tiempo que desee.
Estoy tentado de recomendarte escuchar esta música situado frente o en el medio, según tu caso, de parlantes ubicados espacialmente (ya sea estéreo, cuadrafónico, etc.) a un volumen medio, subiéndolo según la tolerancia a la saturación de tu reproductor y de tu gusto personal, pero no lo haré. En realidad también lo podés escuchar a un volumen muy bajo, mientras hacés otras cosas, leer ésto, por ejemplo, o un libro real o una revista digital. 
Otra sugerencia, sino la misma, que tampoco te voy a hacer, es la de mantener una escucha con estímulos receptivos y creativos al ruido. Tratándose de vos, viejo amigo, sé que no es necesario aclarar nada”. 

Saludos
....................

Hasta aquí transcribo el mail que Sebastián le envió unos días después, a un amigo adjuntándole el audio de la obra. 

Y ésto es lo que Sebastián leyó en el mail que su amigo le respondió.


“¿Cómo va, Seba? ¿Todo bien? Mientras se abría el programa que uso para escribir,  ¡bue...! el que muchos usamos para escribir..., porque reconozco que siempre he sido un poco holgazán para averiguar qué es eso de la competencia de soft libre que tiene esta empresa, pero que me he prometido probar, casi como una obligación a la rebeldía de los 60’. Bueno, todo esto pensaba mientras abría el programa que la mayoría usamos para escribir palabras.
Quiero decirte que me he quedado sorprendido con el mail que me mandaste y que sólo al terminar de escuchar por cuarta vez el tema (por supuesto, antes leí los capítulos de La Coma Pitagórica, a decir verdad, no había leído los anteriores) y llegué a la conclusión, después de todos los ejercicios mentales que me hizo hacer tu literatura sonora, que has descubierto, o inventado (según seas un medium o un creador) un nuevo estilo de música.
Ruido distorsión es su nombre. Luego de este nombre, se pondrán en números, los minutos y segundos que dura la grabación y luego, un nombre que resignifique algo para vos, o cualquier otro compositor llegado el caso. Tal cual vos lo has hecho en tu "Ruido Distorsión 30 00 Un hombre atrapado en la humanidad del planeta".    
Esta nueva forma musical consistirá en dar un concierto “en vivo”, que no será más que una improvisación en un instrumento musical tradicional (es decir un instrumento analógico) ante un solo espectador que experimentará la improvisación. Se grabará la sesión con un mp3 y luego a esa pista se le agregarán efectos de un programa de edición de audio, que dará por resultado una nueva versión. Es decir, una improvisación sobre otra improvisación, nos dará una nueva versión.
Estoy tentado de decir…, “una improvisación sobre otra improvisación que nos dará una nueva versión de la canción” pero, aunque rime, dudo que pueda denominarse canción a este tipo de material.   
El agregado de efectos de audio digital a la grabación digital de la improvisación de audio analógico, es decir, lo tocado con el instrumento musical, será considerado una improvisación, ya que no se pensará a priori qué efectos y cómo se pondrán. Simplemente, se sentará el compositor o también llamado “improvisador”, e improvisará la sesión de efectos que se agregarán a la improvisación del instrumento musical.
La grabación original se  destruirá (o se guardará, nunca se sabe). El caso es que sólo la persona que asistió al ritual de la primer improvisación, y sólo esa vez, escuchará y experimentará la improvisación original. ¿Qué nos aseguramos con destruirla o guardarla? Que será un concierto sólo para uno. Esto marcará un hito en la historia de la música (aunque tocar para una sola persona se hace desde los orígenes de la humanidad).
Luego, se publicará en La Red la versión con la improvisación de agregado de efectos a la improvisación del instrumento musical (o versión digital) para que el público pueda descargarlo gratis.
El público que experimente la versión digital será masivo y la vivencia la podrá realizar una y otra vez (aunque no creo que la vivencia sea siempre la misma al escuchar la versión digital, más bien, al contrario).
Mientras que, la persona que presencie la primer versión en vivo (o versión analógica) será unitaria e irrepetible su vivencia. Harás, entonces, un ritual (o también llamado “teatro mágico analógico” -en honor a Harry Haller) para una sola persona que sólo lo experimentará una sola vez.
Y compondrás otra improvisación de audio digital sobre el teatro mágico analógico que dará por resultado un “teatro mágico digital”, es decir, llamaremos así a la grabación que será escuchada por mucha o poca gente, pero que en cualquier caso será masiva (aunque irrepetible también para cada persona que componga esa masividad).
 Es un muy grato escribir estas letras, en realidad, escribir ésto es también como una improvisación de literatura, que improviso sólo para mí, de forma irrepetible y que publico luego, en cierta forma corregida (modificándola) para ustedes.
Es decir, sólo yo leo la improvisación primera, unitaria e irrepetible, y ustedes leen la segunda versión, masiva e irrepetible, ya que en cada lectura, suponiendo que haya varias, será distinto. Al igual que ocurre con tu música.
Uniéndolas, hemos creado entonces una especie de nuevo género también en literatura; la literatura sonora.
Es como escribir en ingles (no sé si eso es bueno o es malo) ¿Para qué crear nuevas palabras si con la combinación de dos o tres palabras podemos significar cualquier cosa?
Ruido-distorsión, en lugar de una nueva palabra para este nuevo concepto que significara este nuevo estilo de música.
Y literatura-sonora en lugar de escribir una nueva palabra para este nuevo concepto que significará esta nueva forma de escribir literatura con música.






05. Capítulo MI


Nada es casualidad. Al humano las cosas se le deben presentar de a poco, gradualmente, si no, entra en pánico, en caos, en crisis, en confusión, en abismo… La cordura es la cuerda, la locura es el corte, la segmentización del continuo. La pregunta es: ¿el curso de la historia es casualidad, producto azaroso, o hay una intensión de dirección, un plan trazado a priori? ¿El autor de una novela traduce o crea? ¿Qué fuerzas motiva a un artista a crear o en todo caso... a traducir? Sebastián comenzó a sospechar.
  
Para su cumpleaños número 18, un “amigo” le mandó al muro de su habitación una canción. Lo curioso es que ese amigo, que figuraba como agregado en su perfil, no era alguien en realidad conocido personalmente, su nombre era Demian y debajo colocaba la frase “personaje de un antiguo libro”. A pesar de las publicidades que acompañaba la canción, y que Sebastián detestaba tanto, algo extraño entre sus contemporáneos y que él trataba de ocultar para que no lo molestaran, Sebastián reprodujo la canción.
 
Dogs, Cynic´s song (tempo rotto e sciatto) -Dedicada a Diógenes de Sínope




Lo primero que pensó luego de reproducirla es que la canción era demasiado larga y rara como para llamarse “canción”. Además, Sebastián, en esa época, no era muy aficionado a la música que no puede uno colocar en un estilo definido. Del autor, un tal M.S. nada conocía. De la letra si bien entendió el idioma en que estaba cantada, no le significó mucho para él. Así es que lo que le llamó realmente la atención es la dedicatoria que venía con el tema “a Diógenes de Sínope” Siguiendo el link de color azul que tenía esa misteriosa dedicación entró a un artículo de lo que parecía ser una muy vieja y precaria revista y que hablaba sobre este personaje.
Pero volvamos al primer párrafo, que en realidad ocurrió un tiempo después de escuchar el tema y enterarse de Diógenes de Sínope. Nada es casualidad… pensaba Sebastián en la oscuridad del cuarto, los muros de su habitación estaban con el wallpaper negro, pero estaban encendidos como era lo habitual. Aunque se decía que pronto saldrían los conectores mentales en red disponibles para toda la comunidad, todavía no era algo frecuente, sólo algunos lo poseían, eran las primeras experiencias piloto, decían. Así que todavía, aunque los muros estaban prendidos, en silencio, todavía sus pensamientos le pertenecían sólo a él. Inmerso en esos pensamientos es que comenzó a sospechar.
Inmediatamente después cayó en cuenta en que “la sospecha” en sí, es un tipo de pensamiento, con el cual, aplicado sobre ciertas cuestiones, podía llegar a formarse en su mente un juicio propio, es decir un nuevo pensamiento que nacía como negación a algo establecido y que, si prosperaba, podía convertirse en una opinión. Una opinión propia distinta a otra establecida como verdadera por la red de hombres y mujeres que vivían en la comunidad, y de la cual, en realidad, nacía.
De inmediato apareció una frase: ¡La libertad en el decir!” la recordaba de haber leído aquel artículo sobre Diógenes de Sínope. Luego se acordó de la frase entera… “Preguntado qué es lo mejor en los hombres, respondió: “La libertad en el decir”. Recordó inmediatamente el estribillo tan pegadizo que el tema tenía "please let the sunshine show", y que ahora se daba cuenta, hacía referencia a ese desprecio de Diógenes hacia el Magno y lo que él representaba.
“La libertad en el decir” Sebastián se preguntó si sería posible tal cosa en la vida diaria. Elegir la libertad en el decir y despreciar lo que la vida en la comunidad brindaba. De lo primero, pensó que todavía se podía, la prueba era que él mismo estaba teniendo esos pensamientos. Por raro que fuese, porque él sabía que era raro estar cuestionándose, todavía se podía, aunque fuera de forma inusual y extraña.
El regalo en el muro para su cumpleaños de un tal Demian, la larga canción, Diógenes… de pronto se incorporó en su cama. Sentado en la penumbra recordó “conectores mentales en red” Entre dudas y más dudas avanzó.
¿Qué pasará con la libertad en el decir si todos estaban conectados mentalmente en red? 
Si la cordura es una cuerda y la locura es el corte, si todos o la mayoría prefieren la cordura para no caer en abismos oscuros, y todos están conectados en red mental, podría ser considerado de mala educación pensar cosas que a otros les impida mantearse en la cordura que no les genere cortes. Por lo tanto podría ocurrir que, pensar algo que no fuera de aceptación y corriente uso masivo, comenzase gradualmente a ser considerado como una actitud hostil, y por tanto, gradualmente se tendería a evitar pensar cuestionamientos ríspidos. ¿Qué pasaría entonces con la libertar en el decir?
Uno seria libre dentro de un nivel. La libertad de decir terminaría donde comenzase la posibilidad de generar un pensamiento corte en otra persona. Podría ser que al corte con la cuerda habitual, lo comenzaran a denominar locura.
¿Estarán experimentando con nosotros, con esta comunidad, será esto casualidad, azar, o producto de una intensión de dirección, un plan?
Sebastián frunció los ojos y sin abrirlos se preguntó: ¿qué pasará también con la libertad de despreciar la cuerda? 
Sebastián se preguntó si quedaría demasiado raro en su historial web una reproducción de aquella canción a esas horas de la noche. Desde que se le ocurrió la loca idea de que los historiales de navegación de las personas pueden ser tranquilamente almacenados, leídos y usados como instrumento de control de las más diversas formas, desde entonces Sebastián trataba de no hacer nada que pudiera llamar la atención. Dudó, pero no aguantó las ganas y reprodujo nuevamente aquella canción que hablaba sobre Diógenes de Sínope…

Luego de escucharla varias veces, se durmió. Pero antes, en esos instantes que ocurren y transcurren entre los dos mundos, el terrenal y el onírico, justo antes de terminar la última canción de la noche, Sebastián escuchó a través de su delgada ventana el repentino estallido de los ruidosos ladridos de unos perros callejeros. Inmediamente pensó...

- ¡Perros ...! La canción de los Cínicos.






06. Capítulo SI



El comienzo. 

Estas viejas canciones de Fresh Cream,  me han traído a la memoria la noche de una época bastante vieja, en la que un amigo entró al bar donde solíamos tomar una birras.

Recuerdo que sus palabras cargaban furia profunda y parecía que no se permitía, él mismo, respirar ninguna verdad ajena, parecía como que quería exhalar toda su locura y entrecruzamiento. 

         - Esa vida que “mantiene” la verdadera vida que uno realmente quiere y necesita vivir. Esa vida base -decía- se nos han inculcado como la única posible, pero como es de esperar, no es la única, sino que, debido a la creencia tan arraigada y sin cuestionamiento, no se nos posibilita reflexionar diariamente sobre otra posibilidad-.



Todos los que estábamos presentes esa noche en aquel bar, tardamos bastante en darnos cuenta de eso… 
De que él, esa noche, tenía esa necesidad de exhalar toda su locura y que no estaba para escuchar las verdades de las demás personas y menos aún, las mías, que por ese entonces diferían casi totalmente con las de él. Cuando la cosa se puso demasiado “heavy” con los “gritantes” ¡Si! era un grupo de gente muy pasional, el caos de voces le debe  haber  hecho acordar a la obra aquella de las hinchadas de fútbol,  que habían compuesto unos músicos locos esos que se quedaron un tiempo en el pueblo.

Imagino que mi amigo debe haber visto que no tenía sentido seguir discutiendo, de que nadie de los presentes lo iba a entender, supongo que su voz interior, un tanto tapada por las voces del bar, seguramente le dijo: –“Cambiá de tema, no tiene sentido seguir hablando de esto con estos”.


Comenzó a hablar de otro tema… -un encuentro de pasión y decibeles. 4 hinchadas de fútbol en un estadio dividido en 4 sectores donde las 4 hinchadas realizan un “happening musical” de intercambio mutuo de pasión y drama característico de esencia futbolera del hincha. En el centro de la cancha un sector de butacas donde un grupo de espectadores osado, se anima a escucha el concierto de hinchadas. Por supuesto están recubiertos de un tejido especial que no deja pasar objetos contundentes ni salivas varias. De esta forma las hinchadas de Boca Junior, de River Plate, de Gimnasia y Esgrima de La Plata y de Estudiantes de La Plata, dispuestas a entregar toda su pasión en cada una de las plateas,  improvisaran todo tipo de cantos, himnos, coros, odas, gritos, puteadas y todo tipo de forma vocal de sonido con formantes humanas interactuando aleatoriamente entre sí y en entre las demás hinchadas….


Así decía la publicidad para el espectáculo. El mismo texto se adaptó luego a la publicidad de la grabación que se realizó del evento y que se difundió luego en la red de forma gratuita. Mi amigo tanto como yo, y como muchísimas personas más, descargamos y escuchamos la tan publicitada obra.

Yo sabía que a mi amigo ese caos sonoro, pero extrañamente musical de la obra, le resultaba similar a lo que él imaginaba, sería el caos cuántico del universo, y esa noche intuí que por la forma de cambiar de tema, el recuerdo de la obra de las hinchadas se le vino a la mente, no por el caos cósmico, sino por el caos de los “gritantes” que le intentaban rebatir lo que él decía.

De alguna manera  la forma súbita e inesperada, luego de hacer fondo blanco con su quinto litro de vaso de cerveza, con la que cambió de tema bruscamente, me lo confirmó.

Así  que de una forma muy obviamente tosca dijo…
-¡Ah! ¿Saben de qué me acordaba recién?  Del grupo ese de músicos, que se mudaron a la casa esa que estaba, donde está ahora, el complejo de edificios Atlas 8. ¿Se acuerdan?
Después del típico silencio de los gritantes, que se están dando cuenta de que les están cambiando de tema, pronunciaron las típicas respuestas…  ¡Ah! Se, Seee,  Sé sé, etc.

-¿Se acuerdan? Volvió a preguntar. Y esta vez mi amigo no hizo pausa y siguió rápidamente recordando...

-Me acuerdo que la primera vez que los músicos me contaron quiénes eran y qué venían a hacer fue en el almacén de Berta, me crucé ahí con dos de ellos. Cuando una mañana entré al negocio a comprar mayonesa, oí que le estaban contando a Berta, seguramente por obra de la inquisidora mujer, que no conocían al dueño de la casa, porque habían alquilado por inmobiliaria.

-¡¡Ah! ¿Ustedes alquilaron la casa de Pedro?  –pregunté reciamente asombrado, mientras me dirigía a la mayonesa, que sin ninguna duda sobre qué marca llevar y sin problema de incorporarme a la conversación, tomé de la góndola
-¡Si! -contestó Berta, antes que ellos.
-Si -contestó luego de Berta escuetamente el flaco de pelo más largo.
Cuando miré hacia ellos, me di cuenta de que el que respondió, no era que estaba siendo descortés, sino que  justo, casi se le resbala la botella de leche, que estaba  llevando al mostrador.
-Si, nos mudamos ayer –dijo luego más esmeradamente.
-Después me los encontré varias veces más, hasta que me hice medio amigo de los músicos esos y aunque yo no sabía nada de arte ni de música, de vez en cuando iba a la casa que habían alquilado. La del viejo Pedro, la que estaba frente a lo que era antes el parque, ahí donde ahora está el Complejo de edificios Atlas 8.

– ¿Se acuerdan que la casa esa tenía un fondo bastante grande para la época y estaba lleno de plantas y árboles? Ellos habían decidido alquilar esa casa en el pueblo para estar ahí todos los miembros del grupo artístico y componer nuevas ideas musicales.
Cuando vinieron al pueblo hacía un mes que habían editado ya la obra “La pasión de la hinchada” La obra consistía en grabar y filmar una reunión, especialmente organizada para tal fin, de 4 hinchadas de futbol, (Boca – River; Estudiantes de La Plata y Gimnacia Esgrima de La Plata) donde las hinchadas libremente entonarían los cantos  característicos de cada club, para eso habían preparado de forma especial un estadio. ¡Ah!, pero creo que esto, ya lo conté recién. Era increíble ir a la casa y verlos trabajar y convivir.

Un día el de pelo más largo me contó que él se sentía de un “color”. Cuando tocaba sentía y se veía a sí mismo: “azul”. Y también me dijo, que una vez una profesora de canto le había hecho hacer un ejercicio de relajación que consistía en ponerse en posición horizontal, cerrar los ojos que comunican con el exterior, abrir los que comunican con el interior de uno mismo, relajarse y liberar la imaginación. Así, comenzando por los pies, tenían que imaginar que una especie de línea del color iba subiendo por el cuerpo, convirtiéndolo a medida que subía, al color que tenia la línea. Así es que, había que imaginar, elegir  y adoptar un color favorito. El músico me contó que el siempre elegía el color azul, porque realmente sentía y pensaba que era su color.
–Por un tiempo, decía, el tiempo, se llevó el ejercicio. Hasta que con los años lo fui volviendo a recuperar. Pero ahora, fruto de ese paso del tiempo que todo modifica, lo he cambiado un poco y hace ya bastante que lo hago (¡Si! siempre hablaban medio raro estos locos, pero bueno, se entendía)

-El músico de pelo más largo quiso mostrarme el ejercicio, que en realidad ya no era un ejercicio sino una práctica habitual. Pero al volverse hacia la mesa donde había un montón de pequeños instrumentos y demás cosas raras, me dijo…
-¡Ah! No tengo la cinta para el bajo. Pero bueno pará… te lo muestro acá en este  video donde está un amigo nuestro que también es músico, haciendo esta práctica de volverse de color. Creo que en este caso M.S. también elije el azul -M.S. es el nombre del flaco- me aclaró -Pará que… tarda en cargar porque hay poca señal acá -explicó mientras puso el video...





-¡Ves! frotando la cinta sobre la cuerda en posición yogui, cerrás los ojos y te perdés en el sonido. Cuando creés que estas suficientemente “conectado” comenzás a  espolvorear el color que elegís con el movimiento de las manos y así te vas pintando del color esencial. Ir sintiéndote de color te va relajando y empezás a poder experimentar la energía que recorre tu cuerpo y tu mente hasta sentir que realmente estás todo de color, del color que elijas, ¡claro! Lo ideal es hacerlo al sol, en la naturaleza, despojado de vestimentas y conceptos. Gran parte de todo esto es entenderse y sentirse PARTE de Natura.


-Este tipo de cosas eran comunes en la casa. Los músicos pasaban horas y horas tocando, noches y días enteros encerrados en la liberad creativa que el lugar les permitía, y que ellos aprovechaban. Daba la sensación de que la música era todo lo que les importaba en el mundo. Experimentaban los sonidos que creaban como uno puede experimentar una sensación de frío o calor, o una degustación de algún bocado salado o dulce.  Intercambiaban ritmos y armonías con la seriedad y la entrega como la que uno puede experimentar en una charla con otra persona. Al mismo tiempo reinaba un clima de trabajo y de amistad, camaradería y conocimiento mutuo que poco puede verse en otras actividades humanas. Ellos lo sabían y por eso lo atesoraban, para ellos la música era su forma de vida, en ese sentido, circular;  se jugaban por ella y a ella se aferraban. De esas experiencias de mancomunión, nacían las formas sonoras que componían, y las formas sonoras que compartían, generaban la armonía en la que vivían. A veces, el amanecer los sorprendía aún tocando o componiendo... había que ir a dormir con las primeras luces ya formadas del amanecer y la nueva composición, satisfechos de exigirse a sí mismos y de disfrutar esa exigencia que se convertía en nuevas composiciones, se tiraban así a dormir, como una persona que acaba de comer un banquete, con la panza llena y la sensación de saciedad.

No siempre era así, no vivían su vida abstraídos del mundo, sino que pasaban temporadas y estadías de creación colectivas y luego volvían a la “realidad” la experimentaban, la vivenciaban,  y luego, de nuevo juntos, para transformar esas vivencias en arte, en música.  El arte para ellos no era un fin, sino un medio, un medio de expresión, un escenario de transformación de las experiencias de la vida en formato artístico.

Cuando mi amigo en el bar terminó de contar la última frase sobre su experiencia en la casa de los músicos, imagino que cabeceó y vio que tenía el vaso vacío, y cuando levantó la mirada de la mesa, se dio cuenta de que en realidad nadie lo estaba escuchando. Los gritantes, se habían ido todos. Unos pocos estaban jugando al pool, en el rincón oscuro del bar. Yo era uno de ellos. Esto lo sé porque justo era mi turno de tirar y cuando estaba calculando la jugada, levanté la mirada y observé, que mi amigo, sólo, en el otro rincón oscuro del bar, me miraba como pensando:
-¡Que locura! yo aquí contando todo esto, que en realidad ni me acuerdo que era,  y nadie me estaba prestando atención.
Leí en su mirada estas mismas palabras, sospeché su pensamiento. Sentí un poco de pena por él… y luego por mí.   

Se me ocurrió preguntarle cualquier cosa, aunque más no sea para no dejarlo sólo en su relato -¿y qué pasó con los músicos esos de esa casa?- pregunté. Pero me miró con cara de saber que yo estaba preguntando más por compromiso que real interés. 
-Un día desaparecieron- contestó frunciendo la boca, seguramente como muestra de doble desagrado: por la partida inesperada de los músicos y también por responder a mi fingido interés, y agregó -Uno de ellos, tipo cayado, con mirada de haberlo visto todo o de saber algo que nadie sabe...  Sebastián se llamaba. Lo cierto es que un día desaparecieron como por arte de magia. La casa quedó muda, vacía de músicos, pero todas sus pertenencias quedaron intactas. Pedro, el dueño de la casa, guardó todo en bolsas por si alguna vez aparecían, todavía las debe tener, viste como es Pedro; muy supersticioso.    
     
¡Sebastían! allí comenzó mi investigación, en sus bolsas: relatos incoherentes y un final que no cierra, su repentina desaparición del mundo, sin dejar rastros. Años después, el misterio continúa. Fuera de lo encontrado en sus bolsas, no hay en ningún lado datos ni información alguna sobre Sebastían ni sobre sus músicos. A veces creo que la clave está en alguno de los escritos y documentos varios que dejó.     





FIN 




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