Estas viejas canciones de Fresh Cream, me ha traído a la memoria la noche de una época bastante vieja, en la que un amigo entró al bar donde solíamos tomar una birras.
Recuerdo que sus palabras cargaban furia profunda y parecía que no se permitía, él mismo, respirar ninguna verdad ajena, parecía como que quería exhalar toda su locura y entrecruzamiento.
- Esa vida que “mantiene” la verdadera vida que uno realmente quiere y necesita vivir. Esa vida base -decía- se nos han inculcado como la única posible, pero como es de esperar, no es la única, sino que, debido a la creencia tan arraigada y sin cuestionamiento, no se nos posibilita reflexionar diariamente sobre otra posibilidad-.
Todos los que estábamos presentes esa noche en aquel bar, tardamos bastante en darnos cuenta de eso…
De que él, esa noche, tenía esa necesidad de exhalar toda su locura y que no estaba para escuchar las verdades de las demás personas y menos aún, las mías, que por ese entonces diferían casi totalmente con las de él. Cuando la cosa se puso demasiado “heavy” con los “gritantes” ¡Si! era un grupo de gente muy pasional, el caos de voces le debe haber hecho acordar a la obra aquella de las hinchadas de futbol, que habían compuesto los músicos locos esos que se quedaron un tiempo en el pueblo.
Imagino que mi amigo debe haber visto que no tenía sentido seguir discutiendo, de que nadie de los presentes lo iba a entender, supongo que voz interior, un tanto tapada por las voces del bar, seguro le dijo: –“Cambiá de tema, no tiene sentido seguir hablando de esto con estos”.
“…un encuentro de pasión y decibeles. 4 hinchadas de futbol en un estadio dividido en 4 sectores donde las 4 hinchadas realizan un “happening musical” de intercambio mutuo de pasión y drama característico de esencia futbolera del hincha. En el centro de la cancha un sector de butacas donde un grupo de espectadores osado, se anima a escucha el concierto de hinchadas. Por supuesto están recubiertos de un tejido especial que no deja pasar objetos contundentes ni salivas varias. De esta forma las hinchadas de Boca Junior, de River Plate, de Gimnasia y Esgrima de La Plata y de Estudiantes de La Plata, dispuestas a entregar toda su pasión en cada una de las plateas, improvisaran todo tipo de cantos, himnos, coros, odas, gritos, puteadas y todo tipo de forma vocal de sonido con formantes humanas interactuando aleatoriamente entre sí y en entre las demás hinchadas….”
Así decía la publicidad para el espectáculo. El mismo texto se adaptó luego a la publicidad de la grabación que se realizó del evento y que se difundió luego en la red de forma gratuita. Mi amigo tanto como yo, y como muchísimas personas más, descargamos y escuchamos la tan publicitada obra.
Yo sabía que a mi amigo ese caos sonoro, pero extrañamente musical de la obra, le resultaba similar a lo que él imaginaba, sería el caos cuántico del universo, y esa noche intuí que por la forma de cambiar de tema, el recuerdo de la obra de las hinchadas se le vino a la mente, no por el caos cósmico, sino por el caos de los “gritantes” que le intentaban rebatir lo que él decía.
De alguna manera la forma súbita e inesperada, luego de hacer fondo blanco con su quinto litro de vaso de cerveza, con la que cambió de tema bruscamente, me lo confirmó.
Así que de una forma muy obviamente tosca dijo…
-¡Ah! ¿Saben de qué me acordaba recién? Del grupo ese de músicos, que se mudaron a la casa esa que estaba, donde está ahora, el complejo de edificios Atlas 8. ¿Se acuerdan?
Después del típico silencio de los gritantes, que se están dando cuenta de que les están cambiando de tema, pronunciaron las típicas respuestas… ¡Ah! Se, Seee, Sé sé, etc.
-¿Se acuerdan? Volvió a preguntar. Y esta vez mi amigo no hizo pausa y siguió rápidamente recordando...
-Me acuerdo que la primera vez que los músicos me contaron quiénes eran y qué venían a hacer fue en el almacén de Berta, me crucé ahí con dos de ellos. Cuando una mañana entré al negocio a comprar mayonesa, oí que le estaban contando a Berta, seguramente por obra de la inquisidora mujer, ¡Se acuerdan lo que era Berta! que no conocían al dueño de la casa, porque habían alquilado por inmobiliaria.
-¡¡Ah! ¿Ustedes alquilaron la casa de Pedro? –Pregunté reciamente asombrado, mientras me dirigía a la mayonesa, que sin ninguna duda sobre qué marca llevar y sin problema de incorporarme a la conversación, tomé de la góndola
-¡Si! -contestó Berta, antes que ellos.
-Si -contestó luego de Berta escuetamente el flaco de pelo más largo.
Cuando miré hacia ellos, me di cuenta de que el que respondió, no era que estaba siendo descortés, sino que justo, casi se le resbala la botella de leche, que estaba llevando al mostrador.
-Si, nos mudamos ayer –dijo luego más esmeradamente.
Después del típico silencio de los gritantes, que se están dando cuenta de que les están cambiando de tema, pronunciaron las típicas respuestas… ¡Ah! Se, Seee, Sé sé, etc.
-¿Se acuerdan? Volvió a preguntar. Y esta vez mi amigo no hizo pausa y siguió rápidamente recordando...
-Me acuerdo que la primera vez que los músicos me contaron quiénes eran y qué venían a hacer fue en el almacén de Berta, me crucé ahí con dos de ellos. Cuando una mañana entré al negocio a comprar mayonesa, oí que le estaban contando a Berta, seguramente por obra de la inquisidora mujer, ¡Se acuerdan lo que era Berta! que no conocían al dueño de la casa, porque habían alquilado por inmobiliaria.
-¡¡Ah! ¿Ustedes alquilaron la casa de Pedro? –Pregunté reciamente asombrado, mientras me dirigía a la mayonesa, que sin ninguna duda sobre qué marca llevar y sin problema de incorporarme a la conversación, tomé de la góndola
-¡Si! -contestó Berta, antes que ellos.
-Si -contestó luego de Berta escuetamente el flaco de pelo más largo.
Cuando miré hacia ellos, me di cuenta de que el que respondió, no era que estaba siendo descortés, sino que justo, casi se le resbala la botella de leche, que estaba llevando al mostrador.
-Si, nos mudamos ayer –dijo luego más esmeradamente.
-Después me los encontré varias veces más, hasta que me hice medio amigo de los músicos esos y aunque yo no sabía nada de arte ni de música, de vez en cuando iba a la casa que habían alquilado. La del viejo Pedro, la que estaba frente a lo que era antes el parque, ahí donde ahora está el Complejo de edificios Atlas 8.
– ¿Se acuerdan que la casa esa tenía un fondo bastante grande para la época y estaba lleno de plantas y árboles? Ellos habían decidido alquilar esa casa en el pueblo para estar ahí todos los miembros del grupo artístico y componer nuevas ideas musicales.
Cuando vinieron al pueblo hacía un mes que habían editado ya la obra “La pasión de la hinchada” La obra consistía en grabar y filmar una reunión, especialmente organizada para tal fin, de 4 hinchadas de futbol, (Boca – River; Estudiantes de La Plata y Gimnacia Esgrima de La Plata) donde las hinchadas libremente entonarían los cantos característicos de cada club, para eso habían preparado de forma especial un estadio. ¡Ah!, pero creo que esto, ya lo conté recién. Era increíble ir a la casa y verlos trabajar y convivir.
Un día el de pelo más largo me contó que él se sentía de un “color”. Cuando tocaba sentía y se veía a sí mismo: “azul”. Y también me dijo, que una vez una profesora de canto le había hecho hacer un ejercicio de relajación que consistía en ponerse en posición horizontal, cerrar los ojos que comunican con el exterior, abrir los que comunican con el interior de uno mismo, relajarse y liberar la imaginación. Así, comenzando por los pies, tenían que imaginar que una especie de línea del color iba subiendo por el cuerpo, convirtiéndolo a medida que subía, al color que tenia la línea. Así es que, había que imaginar, elegir y adoptar un color favorito. El músico me contó que el siempre elegía el color azul, porque realmente sentía y pensaba que era su color.
–Por un tiempo, decía, el tiempo, se llevó el ejercicio. Hasta que con los años lo fui volviendo a recuperar. Pero ahora, fruto de ese paso del tiempo que todo modifica, lo he cambiado un poco y hace ya bastante que lo hago. (¡Si! siempre hablaban medio raro estos locos, pero bueno, se entendía)
-El músico de pelo más largo quiso mostrarme el ejercicio, que en realidad ya no era un ejercicio sino una práctica habitual. Pero al volverse hacia la mesa donde había un montón de pequeños instrumentos y demás cosas raras, me dijo…
-¡Ah! No tengo la cinta para el bajo. Pero bueno pará… te lo muestro acá en este video donde está un amigo nuestro que también es músico, haciendo esta práctica de volverse de color. Creo que en este caso Caracol también elije el azul -Caracol es el nombre del flaco- me aclaró -Pará que… tarda en cargar porque hay poca señal acá -explicó mientras puso el video...
– ¿Se acuerdan que la casa esa tenía un fondo bastante grande para la época y estaba lleno de plantas y árboles? Ellos habían decidido alquilar esa casa en el pueblo para estar ahí todos los miembros del grupo artístico y componer nuevas ideas musicales.
Cuando vinieron al pueblo hacía un mes que habían editado ya la obra “La pasión de la hinchada” La obra consistía en grabar y filmar una reunión, especialmente organizada para tal fin, de 4 hinchadas de futbol, (Boca – River; Estudiantes de La Plata y Gimnacia Esgrima de La Plata) donde las hinchadas libremente entonarían los cantos característicos de cada club, para eso habían preparado de forma especial un estadio. ¡Ah!, pero creo que esto, ya lo conté recién. Era increíble ir a la casa y verlos trabajar y convivir.
Un día el de pelo más largo me contó que él se sentía de un “color”. Cuando tocaba sentía y se veía a sí mismo: “azul”. Y también me dijo, que una vez una profesora de canto le había hecho hacer un ejercicio de relajación que consistía en ponerse en posición horizontal, cerrar los ojos que comunican con el exterior, abrir los que comunican con el interior de uno mismo, relajarse y liberar la imaginación. Así, comenzando por los pies, tenían que imaginar que una especie de línea del color iba subiendo por el cuerpo, convirtiéndolo a medida que subía, al color que tenia la línea. Así es que, había que imaginar, elegir y adoptar un color favorito. El músico me contó que el siempre elegía el color azul, porque realmente sentía y pensaba que era su color.
–Por un tiempo, decía, el tiempo, se llevó el ejercicio. Hasta que con los años lo fui volviendo a recuperar. Pero ahora, fruto de ese paso del tiempo que todo modifica, lo he cambiado un poco y hace ya bastante que lo hago. (¡Si! siempre hablaban medio raro estos locos, pero bueno, se entendía)
-El músico de pelo más largo quiso mostrarme el ejercicio, que en realidad ya no era un ejercicio sino una práctica habitual. Pero al volverse hacia la mesa donde había un montón de pequeños instrumentos y demás cosas raras, me dijo…
-¡Ah! No tengo la cinta para el bajo. Pero bueno pará… te lo muestro acá en este video donde está un amigo nuestro que también es músico, haciendo esta práctica de volverse de color. Creo que en este caso Caracol también elije el azul -Caracol es el nombre del flaco- me aclaró -Pará que… tarda en cargar porque hay poca señal acá -explicó mientras puso el video...
-¡Ves! frotando la cinta sobre la cuerda en posición yogui, cerrás los ojos y te perdés en el sonido. Cuando creés que estas suficientemente “conectado” comenzás a espolvorear el color que elegís con el movimiento de las manos y así te vas pintando del color esencial. Ir sintiéndote de color te va relajando y empezás a poder experimentar la energía que recorre tu cuerpo y tu mente hasta sentir que realmente estás todo de color, del color que elijas, ¡claro! Lo ideal es hacerlo al sol, en la naturaleza, despojado de vestimentas y conceptos. Gran parte de todo esto es entenderse y sentirse PARTE de Natura.
-Este tipo de cosas eran comunes en la casa. Los músicos pasaban horas y horas tocando, noches y dias enteros encerrados en la liberad creativa que el lugar les permitia, y que ellos aprovechaban. Daba la sensación de que la música era todo lo que les importaba en el mundo. Experimentaban los sonidos que creaban como uno puede experimentar una sensación de frío o calor, o una degustación de algún bocado salado o dulce. Intercambiaban ritmos y armonías con la seriedad y la entrega como la que uno puede experimentar en una charla con otra persona. Al mismo tiempo reinaba un clima de trabajo y de amistad, camaradería y conocimiento mutuo que poco puede verse en otras actividades humanas. Ellos lo sabían y por eso lo atesoraban, para ellos la música era su forma de vida, en ese sentido, circular; se jugaban por ella y a ella se aferraban. De esas experiencias de mancomunión, nacían las formas sonoras que componían, y las formas sonoras que compartían, generaban la armonia en la que vivían. A veces, el amanecer los sorprendía aún tocando o componiendo... había que ir a dormir con las primeras luces ya formadas del amanecer y la nueva composición, satisfechos de exigirse a sí mismos y de disfrutar esa exigencia que se convertía en nuevas composiciones, se tiraban así a dormir, como una persona que acaba de comer un banquete, con la panza llena y la sensación de saciedad.
No siempre era así, no vivían su vida abstraídos del mundo, sino que pasaban temporadas y estadías de creación colectivas y luego volvían a la “realidad” la experimentaban, la vivenciaban, y luego, de nuevo juntos, para transformar esas vivencias en arte, en música. El arte para ellos no era un fin, sino un medio, un medio de expresión, un escenario de transformación de las experiencias de la vida en formato artístico.
Cuando mi amigo en el bar terminó de contar la última frase sobre su experiencia en la casa de los músicos, imagino que cabeceó y vio que tenía el vaso vacío, y cuando levantó la mirada de la mesa, se dió cuenta de que en realidad nadie lo estaba escuchando. Los gritantes, se habían ido todos. Unos pocos estaban jugando al pool, en el rincón oscuro del bar. Yo era uno de ellos. Esto lo sé porque justo era mi turno de tirar y cuando estaba calculando la jugada, levanté la mirada y observé, que mi amigo, sólo, en el otro rincón oscuro del bar, me miraba como pensando:
-¡Que locura! yo aquí contando todo esto, que en realidad ni me acuerdo que era, y nadie me estaba prestando atención.
Leí en su mirada estas mismas palabras, sospeché su pensamiento. Sentí un poco de pena por él… y luego por mí.
-¡Que locura! yo aquí contando todo esto, que en realidad ni me acuerdo que era, y nadie me estaba prestando atención.
Leí en su mirada estas mismas palabras, sospeché su pensamiento. Sentí un poco de pena por él… y luego por mí.
FIN
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