Nada es casualidad. Al humano las cosas se le deben presentar de a poco, gradualmente, si no, entra en pánico, en caos, en crisis, en confusión, en abismo… La cordura es la cuerda, la locura es el corte, la segmentización del continuo. La pregunta es: ¿el curso de la historia es casualidad, producto azaroso, o hay una intensión de dirección, un plan trazado a priori? ¿El autor de una novela traduce o crea? ¿Qué fuerzas motiva a un artista a crear o en todo caso... a traducir? Sebastián comenzó a sospechar.
Para su cumpleaños número 18, un “amigo” le mandó al muro de su habitación una canción. Lo curioso es que ese amigo, que figuraba como agregado en su perfil, no era alguien en realidad conocido personalmente, su nombre era Demian y debajo colocaba la frase “personaje de un antiguo libro”. A pesar de las publicidades que acompañaba la canción, y que Sebastián detestaba tanto, algo extraño entre sus contemporáneos y que él trataba de ocultar para que no lo molestaran, Sebastián reprodujo la canción.
Lo primero que pensó luego de reproducirla es que la canción era demasiado larga y rara como para llamarse “canción”. Además, Sebastián no era muy aficionado a la música que no puede uno colocar en un estilo definido. Del autor, un tal Maximiliano Salomoni, nada conocía. De la letra si bien entendió el idioma en que estaba cantada, no le significó mucho para él. Así es que lo que le llamó realmente la atención es la dedicatoria que venía con el tema “a Diógenes de Sínope” Siguiendo el link que tenía esa misteriosa dedicación entró a un artículo de lo que parecía ser una muy vieja y precaria revista y que hablaba sobre este personaje.
Pero volvamos al primer párrafo, que en realidad ocurrió un tiempo después de escuchar el tema y enterarse de Diógenes de Sínope. Nada es casualidad… pensaba Sebastián en la oscuridad del cuarto, los muros de su habitación estaban con el wallpaper negro, pero estaban encendidos como era lo habitual. Aunque se decía que pronto saldrían los conectores mentales en red disponibles para toda la comunidad, todavía no era algo frecuente, sólo algunos lo poseían, eran las primeras experiencias piloto, decían. Así que todavía, aunque los muros estaban prendidos, en silencio, todavía sus pensamientos le pertenecían sólo a él. Inmerso en esos pensamientos es que comenzó a sospechar.
Inmediatamente después cayó en cuenta en que “la sospecha” en sí, es un tipo de pensamiento, con el cual, aplicado sobre ciertas cuestiones, podía llegar a formarse en su mente un juicio propio, es decir un nuevo pensamiento que nacía como negación a algo establecido y que, si prosperaba, podía convertirse en una opinión. Una opinión propia distinta a otra establecida como verdadera por la red de hombres y mujeres que vivían en la comunidad, y de la cual, en realidad, nacía.
De inmediato apareció una frase: ¡La libertad en el decir!” la recordaba de haber leído aquel artículo sobre Diógenes de Sínope. Luego se acordó de la frase entera… “Preguntado qué es lo mejor en los hombres, respondió: “La libertad en el decir”. Recordó inmediatamente el estribillo tan pegadizo que el tema tenía "please let the sunshine show", y que ahora se daba cuenta, hacía referencia a ese desprecio de Diógenes hacia el Magno y lo que él representaba.
“La libertad en el decir” Sebastián se preguntó si sería posible tal cosa en la vida diaria. Elegir la libertad en el decir y despreciar lo que la vida en la comunidad brindaba. De lo primero, pensó que todavía se podía, la prueba era que él mismo estaba teniendo esos pensamientos. Por raro que fuese, porque él sabía que era raro estar cuestionándose, todavía se podía, aunque fuera de forma inusual y extraña.
El regalo en el muro para su cumpleaños de un tal Demian, la larga canción, Diógenes… de pronto se incorporó en su cama. Sentado en la penumbra recordó “conectores mentales en red” Entre dudas y más dudas avanzó.
¿Qué pasará con la libertad en el decir si todos estaban conectados mentalmente en red?
Si la cordura es una cuerda y la locura es el corte, si todos o la mayoría prefieren la cordura para no caer en abismos oscuros, y todos están conectados en red mental, podría ser considerado de mala educación pensar cosas que a otros les impida mantearse en la cordura que no les genere cortes. Por lo tanto podría ocurrir que, pensar algo que no fuera de aceptación y corriente uso masivo, comenzase gradualmente a ser considerado como una actitud hostil, y por tanto, gradualmente se tendería a evitar pensar cuestionamientos ríspidos. ¿Qué pasaría entonces con la libertar en el decir?
Uno seria libre dentro de un nivel. La libertad de decir terminaría donde comenzase la posibilidad de generar un pensamiento corte en otra persona. Podría ser que al corte con la cuerda habitual, lo comenzaran a denominar locura.
¿Estarán experimentando con nosotros, con esta comunidad, será esto casualidad, azar, o producto de una intensión de dirección, un plan?
Sebastián frunció los ojos y sin abrirlos se preguntó: ¿qué pasará también con la libertad de despreciar la cuerda?
Sebastián se preguntó si quedaría demasiado raro en su historial web una reproducción de aquella canción a esas horas de la noche. Desde que se le ocurrió la loca idea de que los historiales de navegación de las personas pueden ser tranquilamente almacenados, leídos y usados como instrumento de control de las más diversas formas, desde entonces Sebastián trataba de no hacer nada que pudiera llamar la atención. Dudó, pero no aguantó las ganas y reprodujo nuevamente aquella canción que hablaba sobre Diógenes de Sínope…
Luego de escucharla varias veces, se durmió. Pero antes, en esos instantes que ocurren y transcurren entre los dos mundos, el terrenal y el onírico, justo antes de terminar la última canción de la noche, Sebastián escuchó a través de su delgada ventana el repentino estallido de los ruidosos ladridos de unos perros callejeros. Inmediamente pensó...
- ¡Perros ...! La canción de los Cínicos.
- ¡Perros ...! La canción de los Cínicos.
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